Un nuevo sujeto político

Un nuevo sujeto político
Un nuevo sujeto político

Un nuevo sujeto político

La formación de la clase obrera en la primera mitad del siglo XIX fue una respuesta a una necesidad de la época, en la cual existían unas demandas que articulaban a una buena parte de la sociedad que sufría la explotación propia de la época de la revolución industrial.

Un amplio sector de la sociedad se identificaba con el hambre, la miseria y la explotación. Mientras, cada vez más personas pasaban a trabajar en una industria mecanizada con unas mismas condiciones, provocando un crecimiento de este sector que, si bien en un principio acostumbraba a buscar soluciones individuales a sus problemas, progresivamente fue aprendiendo a colectivizar sus demandas, volviéndose así mayoritario y haciendo efectivas sus propuestas.

Pero no todo fue positivo. También en el transcurso de este periodo se han sucedido diferentes enfrentamientos populares, de lo cual es buen ejemplo lo sufrido en muchas ocasiones por la gente que vivía y vive en el rural o la discriminación que sufrían y sufren las mujeres.

Uno de los grandes éxitos de la gente privilegiada de la época fue precisamente el de hacer creer a la sociedad que existe una clase media y una clase baja, con unos intereses diferentes, dividiendo así a la sociedad de forma que resulte imposible articular mayorías sociales de la forma en que se consiguió en el pasado.
Esto provocó que la mejora de las condiciones de vida que, con mucho sufrimiento, se consiguieron en este largo periodo de tiempo para una parte de la sociedad, se convirtieran en un elemento diferenciador que dificulta la búsqueda de consensos para el progreso social.

En los últimos tiempos, una buena parte de la sociedad ha dejado de identificarse con el concepto de clase obrera, en un sentimiento de distanciamiento ante ésta, relacionándola con la pobreza de una clase, en términos económicos, baja, con la que no se sienten relacionados y que los medios de comunicación se encargan de volver invisible y, en consecuencia, desarticular.
El sujeto político de la clase obrera ya no articula, por lo tanto, una mayoría capaz de transformar la sociedad.

En la actualidad, y ya desde hace tiempo, buena parte de la sociedad se organiza en base a otras problemáticas diferentes de la explotación laboral y la miseria, aunque evidentemente ésta siga siendo un grave problema. Así, han nacido, o se han fortalecido, multitud de movimientos sociales con demandas relacionadas a temas concretos: feminismo, racismo, xenofobia, LGTBQI, migraciones, desahucios, sin techo, prostitución, drogas, juventud, tercera edad, economía solidaria o del bien común, ecologismo, derechos de los animales, etc.
En España, con el 15M, vivimos la máxima expresión de este fenómeno.

En consecuencia, hace falta un nuevo sujeto político que articule la suma de las demandas de todos estos movimientos sociales, que por separado tienden a ser silenciados, pero juntos apelan a una mayoría social de forma indiscutible (tan solo el feminismo ya lo hace), teniendo así la capacidad de construir mayorías reales.

Este nuevo sujeto político no se define en los ejes izquierda-derecha, si no en la defensa de un consenso en torno a las cuestiones que afectan a estos colectivos, donde mucha gente que en otras cuestiones puede discrepar, se pone de acuerdo, articulando así un mecanismo efectivo de cambio que consigue unas condiciones mínimas de las que partir a la hora de iniciar futuras discusiones.
Esto es, convertir las necesidades de una mayoría social en demandas de una mayoría social.

En este sentido, resulta necesaria la construcción de una nueva identidad, distinta a las anteriormente utilizadas por las diferentes corrientes políticas y sociales, que agrupe estas luchas y pueda apelar a gente muy diferente bajo un nuevo consenso.

Uno de los principales objetivos debe de ser el de romper con el individualismo, tan extendido nuevamente en nuestra sociedad, cambiándolo por una mentalidad cooperativa, así como la formación y la pedagogía necesarias para la concienciación mayoritaria sobre las diferentes discriminaciones que afectan a los colectivos antes mencionados, buscando una construcción social realmente solidaria que agrupe sus demandas para así poder solucionarlas.

Si cada persona lucha tan solo por lo que le afecta a nivel personal, será muy difícil conseguir mayorías que construyan cambios positivos en la sociedad.

En la construcción de un nuevo sujeto, deben aparecer nuevos símbolos. Esto no quiere decir que los símbolos usados hasta este momento hayan dejado de tener sentido, así como las realidades que representan, si no que para poder representar una nueva mayoría social será necesario agruparla en torno a unos símbolos que representen las ideas que han dado lugar al consenso que actúa como nexo entre los diferentes actores que la conforman.

Podemos, dadas sus dimensiones de partido y de movimiento, debe servir como una de las herramientas para construir un nuevo sujeto político y un proyecto de sociedad asentado en la realidad y con inserción en los movimientos sociales, que tenga aspiraciones mayoritarias y dispute el terreno a la ola de capitalismo neoliberal que estamos viviendo.

Esto, no puede ser construido desde las instituciones, si no que depende de la base social que conforma la dimensión de movimiento que distingue a Podemos de los anteriores actores políticos.

Si correr es lo que hacemos para devolver las instituciones a la gente, atarse los cordones debe de ser la construcción de esta base social que catalice la articulación de un nuevo sujeto político que sirva de cimiento para construir un avance social estable que repercuta en una mejora de las condiciones de vida, especialmente de quienes más lo necesitan.

Si al mismo tiempo que en las instituciones se logran cambios que mejoren la vida de la gente, no se construye una base social organizada y solidaria que colectivice las demandas, las mejoras pueden suponer (como ya ha ocurrido en otros momentos de la historia) una división entre diferentes sectores de la sociedad que facilite la recuperación del poder por parte de aquellas minorías privilegiadas que gobiernan de espaldas al pueblo.

Gabriel Santiago

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